viernes, 22 de agosto de 2008

Bien y mal, verdad y mentira. Términos y etiquetas que se han asignado con el tiempo para edificado una especie de tejido o patrón de relaciones humanas con el mundo; jerarquías (entendiendo como superior e inferior) que han construido incluso los sentimientos de orgullo y culpa, hasta entonces inéditos. En este orden, han sucedido (y suceden) las cosas. El bueno, el feo y el malo; la batalla de los opuestos. La verdad (la luz) contempla este orden como lo inamovibe, el sentido de todas las cosas; mientras que desde la luz, la mentira (la sombra) se contempla como la nada, algo que ni siquiera existe; cosa que lleva a la imposibilidad de situarse desde la mentira o la sombra para percibir la luz. Platón estableció este recorrido sombra-luz en su momento, aunque desde la perspectiva de la luz y no de la sombra; es decir creando una historia de luces y sombras para los que él consideraba que estaban en la sombra. Esto significa que los que no conocían su historia o su teoría y que por lo tanto no se podían considerar en terreno de luz o sombra alguno. De este modo se anuló ya desde sus comienzos la posibilidad de una historia de luz y sombra desde el terreno de la mentira.
Los seres humanos (por lo menos hasta el momento) han desarrollado su comunidad en el planeta Tierra, dentro del Sistema Solar. Esto significa que desde siempre, nos encontramos en un territorio en movimiento giratorio que hace que la luz vaya iluminando una zona del planeta a la vez que el resto del terreno queda a oscuras. Las plantas han organizado sus funciones mediante este movimiento, del mismo modo que los animales han establecido "turnos" donde se sucede y se detiene la caza y se alterna con el momento del descanso. Estos momentos contrarios donde uno se revela o se esconde contemplan ambos contrarios como verdaderos; o mejor dicho, no se contemplan porque no hace falta. Quiero decir con esto que se caza igual de noche que de día y que el entramado de la supervivencia es mucho más complejo que un sí/no al estilo binario.
Los humanos, como buenos animales, se comportaron del mismo modo, asignando unas actividades al día y otras a la noche, organizando el tiempo para separar estos momentos de luz y sombra a la vez que un sofisticado calendario (mayoritariamente solar, aunque también lunar, a pesar de que se haya ido abandonando prácticamente del todo a día de hoy) para organizar las estaciones del año y las cosechas (el ciclo vegetal que responde a la cercanía de la tierra con el sol). Sin embargo, como malos animales empezaron a ambellecer estos conceptos creados exclusicamente para su supervivencia y desarrollo hasta llegar al extremo del mito de la caverna platónico, que ya he mencionado antes.
Entonces, el ser humano consideró lo malo como contrario a lo bueno, y relacionó lo oscuro con lo malo y lo malo con lo oscuro para de este modo anular sus malos pensamientos, desintegrarlos, convertirlos en nada; a la par que este pensamiento se esforzaba por progresar iluminándolo todo. El concepto de progreso y el concepto de bueno coinciden en la medida que sistemáticamente erradican el concepto de malo. En el progreso, el ser humano abandona su estado primitivo o salvaje para adentrarse en un mundo más civilizado, un mundo de luz, el mundo verdadero. Por eso, todos los impulsos salvajes, tienen que ahogarse y considerarse mentira para simular su inexistencia. Otras teorías más recientes como las de Freud (que cada vez se estàn teniendo más en cuenta) opinan que ahogar estos impulsos acaba provocando una explosión en el comportamiento del individuo.
Calificar todo este proceso de bueno o malo nos sitúa según los parámetros platónicos, parámetros que con el choque de la cultura japonesa se pusieron en duda, aunque parezca que cada día el mundo esté más inundado de esta luz. Ocultad vuestros cuerpos de carne, destruïd hasta el último rincón salvaje de sombra; exterminad las plantas, domesticad al animal; desinfectad el aire, el mar; suprimid el coito, el vómito, la enfermedad, la sangre.
Reconsideren pues, qué es lo bueno y qué lo malo,
reconsideren haste el qué.
reconsideren hasta el reconsideren.

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